Ab Imo Pectore

AB IMO PECTORE

© Guillermo Guimaraens Igual

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Ab Imo Pectore es una compleja novela de sentimientos, una evocación intimista del alma de un emperador incomprendido, despreciado y olvidado, que vivió un momento de la historia en el que los acontecimientos superaron a las personalidades: Tiberio César.

El protagonista mira al pasado desde su ocaso para poder entender su agria personalidad, y, poco a poco, el recuerdo dubitativo del anciano Emperador empieza a recuperar sus pequeños momentos de gloria y feliz adolescencia, vividos en un confuso marco, el marco de la que iba a ser la nueva Roma de Augusto, el marco de aquel Principado que el propio Tiberio se vería obligado a consolidar, un sistema político perfectamente apuntalado para sobrevivir a gobernantes tan poco capacitados como lo serían los últimos emperadores de la dinastía Julio-Claudia.

No obstante, ante todo, los recuerdos de Tiberio nos conducen a una lejana historia de amor, un apasionado romance vivido por un ser que se debate entre sus pasiones y sus responsabilidades mientras, inconscientemente, va forjando su peculiar carácter.

Y en ese recorrido a través de las memorias del viejo Tiberio, nos vemos sumergidos en infinidad de escenas cotidianas de aquel periodo dorado de la antigüedad, ambientes de una urbe única en la historia que transitan entre la calidez de la domus familiar Romana a las atmósferas abrasadoras de los lupanares más sórdidos de la capital del Imperio, desde el bullicio de las calles romanas y de aquel Foro donde se debatía nuestro destino, a las íntimas reflexiones ante la deidad doméstica…

Pero, conforme avanzamos en la lectura de la obra, no sólo Roma es reproducida al detalle en nuestra mente, sino también las inhóspitas selvas de los límites septentrionales del Imperio, las desalentadoras arenas del desierto africano, las montañas de Armenia, o las brumas del Norte Cantábrico, contrastando con el resplandor de Oriente y sus suntuosas ciudades, como Éfeso o Antioquía.

De la mano de un hombre casi olvidado, recuperamos no sólo el amor más allá de la carne, sino también la proximidad de la muerte, mientras a las escenas de sutil erotismo y poéticas reflexiones vemos suceder trepidantes panorámicas bélicas y desconcertantes intrigas tan propias de aquellos días.

En definitiva, esta obra nos propone un paseo por aquel mundo de comienzos de nuestra Era, pero, sobre todo, nos permite adentrar en las entrañas de la personalidad más misteriosa de todos los tiempos, para descubrirnos un alma, un ser que divaga naufragando en la incomprensión, ofreciéndonos un espíritu desmenuzado en un mundo de miles de dioses que se tambalean, un hombre elevándose por encima de todo. Como comentaría Marguerite Yourcenar citando a Flaubert, hablamos de un periodo de la humanidad en el que «los dioses no estaban ya, y Cristo no estaba todavía… de Cicerón a Marco Aurelio hubo un momento único en que el hombre estuvo sólo».

  • Oh dioses inmortales, si aún está en vosotros el compadecer,
  • ( si alguna vez a alguien
  • que estaba ya a punto de morir habéis prestado ayuda,
  • miradme, mísero de mí, y si he llevado una vida pura
  • arrancadme esta llaga y esta pestilencia que entrando
  • subrepticia como letargo en las fibras
  • destierra la alegría de todo el pecho.

CÁTULO

pág009_DRUSO

UMBRAE (Sombras)

«¡Oh, Dioses! Me siento vacío, sordo al galopar sobre el fango, insensible a esta agua que se clava en mi rostro, perdido en las proximidades de una Estigia donde la oscuridad apenas me permite atisbar los rostros queridos… El frío penetra en mis huesos y el dolor me paraliza. Mis miembros adormecidos han quedado a merced de mi pecho, un pecho que en estos momentos se abrasa. Desearía gritar, sollozar…, tiempo, mucho tiempo para detenerme y poder asir con fuerza mi espada; desearía enfrentarme ahora a jaurías de catos, marcomanos, queruscos… ¿Dónde están?… Me queman los ojos pero no fluyen las lágrimas… Vipsania, amada mía, cuánto daría por tenerte a mi lado, estrecharte entre mis brazos y poder sentir así que algo me sustenta. Los bosques germanos se ciernen sobre mí. Por momentos pierdo la referencia de un cielo inmerso en las sombras de la noche, noche de niebla, noche de tormenta, ausente de astros… Ha desaparecido su estrella; ayer vi como caía de las alturas dejando a su paso una larga cabellera de luz.

He perdido la noción del tiempo que llevo cabalgando. El pobre animal da muestras de fatiga. Por fortuna queda poco para la próxima posta. Percibo la suciedad adherida a mi piel, el polvo del camino en mis labios y el barro que se cuartea en mi rostro. Vuelve a llover; trato de protegerme con la capa pero está fría, empapada en un agua que pesa sobre mis hombros. Un desagradable olor a humedad me envuelve en este mundo irreal que me arrolla. Miro hacia atrás pero no vislumbro nada. ¡Dioses!… ¿Dónde está la escolta? Pero si hace nada que dejamos Maguncia…¡Qué más da! Oigo llantos; ¡no puede ser!…Morta, concédeme tiempo, el tiempo necesario…

Espoleo a mi caballo, me concentro en el camino que se pierde en el horizonte infinito y me quedo en blanco. ¿Cuántas jornadas habrán transcurrido?¿Tres?¿Cuatro?… ¿No fue ayer cuando partí de Pavía? [...]

SÍNTESIS DEL CAPÍTULO

Tema: Situación militar en Germania. Las campañas de Druso.

La narración se inicia describiendo, en primera persona, uno de los acontecimientos más trascendentes en la vida de Tiberio: un angustioso viaje en dirección al límite septentrional del Imperio, donde su hermano Druso se debate entre la vida y la muerte. Tiberio lo verá morir y acompañará su cadáver hasta Roma. Se empiezan a perfilar, veladamente, determinadas situaciones: un odio injustificado hacia Augusto, ciertos aspectos de la personalidad de su madre, y, evidentemente, la inconfundible estima de Tiberio por su hermano.

La intensidad de los recuerdos hace que, en determinados momentos, el protagonista viva la situación en presente para, ya más sosegado, empezar a narrar los acontecimientos en pasado.

pág035_TIBERIO

AUSPICIUM (Auspicio)

[...] Era Vipsania una muchacha sencilla, para mí la más hermosa del mundo, aunque muchos no pudieran entenderlo. Nunca fui capaz de distinguir el tono de sus ojos, unos ojos que a veces aparecían verdosos, otras castaños… pero siempre brillantes, tanto como esta luna de hoy. Sus mejillas se sonrojaban enseguida en los días calurosos y yo bromeaba con ella por esa capacidad de captar la temperatura del momento. Recuerdo su faz iluminada por aquella abrumadora sonrisa, una sonrisa que la acompañaba dondequiera que fuese y que realmente me embrujaba… Estaba tan enamorado de aquella sonrisa…Su rostro, conforme se aproximaba la primavera, se revelaba salpicado de algún granito, y un pequeño lunar, resto de una temprana viruela, adornaba su mejilla izquierda acentuando su encanto. Su pelo caía rizado sobre los hombros y también deslizaba por su frente; rasgo que había heredado de su padre, el tosco general Marco Vipsanio Agripa. Tenía por costumbre alisárselo hasta que descubrió que aquellos rizos me volvían loco.

La conocí rebosante de toda la alegría de la adolescencia cuando el otoño aún no había entrado con fuerza en la Campania; las hojas pretendían resistirse a su caída cediendo, en su esfuerzo, parte de aquel verdor que se tornaba rojizo; y aquella hermosa región, recién despojada del fruto de sus vides, se extendía agradablemente sumida en el murmullo del mar y el canto de alguna que otra cigarra extraviada en las horas de calor. Aquel día provenía [...]

SÍNTESIS DEL CAPÍTULO:

Temas: La región de Campania. Una villa romana. La huida de la Canícula romana.  Las convenciones sociales.

Los recuerdos dan un salto a un pasado más remoto. El anciano Tiberio recuerda con placidez un momento en que todo fue diferente, feliz… Momento que sería truncado definitivamente por los acontecimientos descritos en el primer capítulo. El capítulo presenta a un Tiberio adolescente, veraneando en Campania, donde una anciana le va a desvelar sorprendentes augurios; precisamente el día en que va a conocer a la que será su futura amada, Vipsania Agripina. El capítulo introduce pues la presentación de nuevos personajes trascendentales en la narración, especialmente Vipsania Agripina y su padre, Marco Vipsania Agripa, fiel lugarteniente de Augusto.

Tiberio conoce a su amada en el momento en que se dispone a partir hacia la Galia para iniciar su formación militar, lo cual supone un obstáculo para ahondar en sus sentimientos hacia la recién conocida.

pág061_LIVIA

SUPERBIA (Orgullo)

[...] Mi primera experiencia fue fuego, gigantescas llamaradas que acorralaban a un grupo de oscuros cuerpos sumidos en la oscuridad, lenguas que ascendían por los árboles, convertidos en gigantescas antorchas, consumiéndose en crujidos; estallidos sordos y miles de líneas luminosas que desaparecían humeantes. Recuerdo aquella asfixia, gritos, calor, mucho calor…y un rostro encendido que se abalanzó sobre mí.

Partíamos de Acaya, del asilo que nos habían brindado los lacedemonios, cuando nos sorprendió aquel incendio en el bosque. Las llamas nos habían rodeado azuzadas por el viento y, a duras penas, habíamos conseguido escapar de ellas, casi asfixiados por la humareda que se extendía entre las brasas candentes, como una nueva atmósfera que suplía la primera capa de aire sobre el terreno. Los senderos se confundían, pues las zarzas, que impedían el paso bajo los centenarios pinos, se habían volatilizado. Fue entonces cuando mi padre vislumbró el río y nos condujo hacia él, obligándonos a sumergirnos en sus aguas. Las llamas habían saltado a la otra orilla empujadas por el viento y no nos quedaba más remedio que huir de aquel infierno siguiendo el curso de la corriente. Conmigo en su brazos, tiraba de mi madre que, a duras penas, se mantenía en pie, en lucha feroz por evitar perder el conocimiento. Mi padre había rechazado la ayuda de los esclavos, temeroso de perdernos en la confusión, y se aferraba a nosotros conforme avanzaba entre el fuego. Todos nos seguían aterrorizados.

Me contaron que, en los primeros momentos de la catástrofe, a mi madre se le prendieron vestiduras y cabellos y que, de no reaccionar con serenidad, a punto habría estado yo de arder con ellos. Decían que consiguió dominar el pánico para conseguir depositarme en brazos de una de las esclavas, al tiempo que mi padre se despojaba de su capa de lana y la envolvía ahogando las llamas. A partir de aquel momento, sus fuerzas se habían debilitado y, magullada, se dejaba arrastrar por él.[...]

SÍNTESIS DEL CAPÍTULO:

Temas: Contexto político y social que conduce al ascenso de Augusto.

Tiberio indaga en sus orígenes. Se pone en conocimiento del lector aquellos acontecimientos que llevan a la separación de los padres del protagonista y al matrimonio de su madre, Livia, con Augusto.

Tiberio, convencido de la represión que trae de la mano el ascenso de Augusto, pretende esclarecer las verdaderas causas del abandono de su padre. Busca testimonios del pasado, se entrevista con un antiguo liberto, y va arañando poco a poco la verdad sobre la personalidad de su verdadero padre.  Se describen las peripecias que éste debe efectuar al haber apoyado, desde su cargo senatorial, a los responsables del asesinato de Julio César. Se narra con detalle el terrible asedio de Mutina, en el que participa, su exilio a Sicilia, su huida a Acaya y el definitivo regreso a Roma con la amnistía. Tiberio, recién nacido, solo puede apelar al recuerdo de sus predecesores.

pág093_AGUSTO

PUERITIA (Niñez)

[...] Tito Livio irrumpió en mí con la coherencia de su historia, su pericia técnica y esa capacidad de apasionar con los meros detalles de la vida misma. Era un heredero de aquel estilo con el que Cicerón había conseguido hacer temblar los Foros, de aquella oratoria perfecta, brillantemente estructurada pero excepcionalmente amena por aquellos súbitos tintes de proximidad y de familiaridad enmascaradas en un lenguaje que no temía los arcaísmos, ni tan siquiera a la poesía. Virgilio fue un mundo aparte, fue el emblema, el símbolo de una gran epopeya; era el artífice de una forma poética que cobijaba tras de sí aquella extensa herencia que abarcaba desde Teócrito a la filosofía de Epicuro, incluidos Pitágoras y las doctrinas estoicas, Hesiodo y, como no, el gran Homero. Virgilio fue el poeta contenido, el gran poeta de aquél tiempo, humilde y sincero, tierno, nostálgico pero cargado de sobriedad y sencillez, embutido de aquella religiosidad que siempre entusiasmó a mi padre. ¿Cuál sería la expresión de su rostro si conociese que hoy aún guardo en el arcón el primer ejemplar de su Eneida? ¿Me odiaría por conservar con cariño tan valioso ejemplar de su inacabada y odiada epopeya?

Horacio fue la gota que complementó al estimado Virgilio. Pero éste, lejos de la solemnidad y severidad de aquél, no dudó en sumergir su lenguaje en la sutileza, en la sensualidad epicúrea contenida, en una acertada actitud irónica y, como no, con ese perfecto dominio musical de sus estructuras, una musicalidad que nunca se ocultó en la complejidad, sino en la claridad de su métrica[...]

SÍNTESIS DEL CAPÍTULO

Temas: La educación romana. Tradiciones y supersticiones. El mundo literario de la época.

Se narra el proceso formativo de Tiberio. Sus primeras impresiones, sus pesadillas de niñez, sus temores… Se profundiza en su estrecha relación con su preceptor, un anciano esclavo griego que despierta su pasión por la literatura. La muerte de éste le obliga a enfrentarse a una serie de rígidos y severos enseñantes que endurecen su carácter. El niño que es Tiberio se plantea como reto poder demostrar a Augusto, a quien de momento admira, su aprendizaje. Se prepara el camino para vestir la toga pretexta y asumir el periodo de formación militar.

pág125_CICERON

PROSCRIPTIO (PROSCRIPCIÓN)

[...] Escucho un crujido, un sonido que procede de otro lugar. Mis sentidos me orientan y aparezco ante una bella mansión. Su interior está sumido en la penumbra, pero no me he engañado, los crujidos proceden del interior de una de sus estancias. Deslizo el cortinaje y en la oscuridad percibo el balancear de una sombra al compás de una melodía, el rítmico rasgar de la soga contra la chamuscada viga de madera. La cuerda se deshilacha y el cuerpo helado cae por su propio peso; ha cesado el balanceo de la muerte. Unas carcajadas hielan la noche y acierto a vislumbrar el rostro desencajado de Fulvia; desdichado aquél que, sin osar alzar la daga contra César, se había opuesto a ser despojado de su propiedad por una ambiciosa mujer. ¿Cuál fue el crimen del Senador Estacio?… Quizás algo similar. ¿Merecían la muerte los ciento treinta senadores que sucumbieron de entre los trescientos que aparecieron en las tablillas del Averno? ¿Acaso los dos mil funcionarios inculpados de asesinato habían participado realmente en la conjura? ¿Cuánta sangre corrió realmente por Roma? ¿Cuántos inocentes pagaron con su vida el satisfacer deseos personales de venganza?[...]

SÍNTESIS DEL CAPÍTULO:

Temas: Las proscripciones. Las relaciones entre los triunviros y la figura de Cicerón.

El anciano Tiberio interrumpe bruscamente sus recuerdos para regresar al presente y encontrarse acosado por una serie de espíritus fruto de su imaginación senil. Tiberio se siente culpable por haber dado continuidad a un régimen cimentado en un baño de sangre, en clara referencia a las proscripciones del triunvirato. Tiberio culpa a Augusto de aquellas muertes, obviando los ajusticiamientos que se comenten bajo su propio principado, que parece querer ignorar. El recuerdo de las proscripciones conduce al protagonista a rememorar los años anteriores a su nacimiento, cuando se produce el ascenso político de su padrastro.

pág135ANTONIO

ALEXANDRIA (Alejandría)

[...] Pero, ¡por todos los dioses!, ¡Tiberio!, olvida Actium y recupera lo único que tú salvarías de aquellos días en que tus mayores se mataban por un pedazo de mundo, mientras tu vivías en la ingenuidad de la primera niñez, aquella niñez que todo lo creía maravilloso, incapaz de entender el amor pero capaz de llorar contemplando la belleza de aquel fresco de tristes colores en que Dido se lamentaba de la partida de su amado Eneas.

Dicen que la pequeña Reina Egipcia entró en la vida de Antonio como una saeta, con rapidez y efectividad, del mismo modo que lo había hecho con el divino César. Antonio, que posiblemente la conociese, la convocó en Tarso cuando se encontraba administrando la región de Cilicia, tras la derrota de Casio y Bruto; desde aquel momento cálido de finales del verano hasta sus muertes, su relación se convirtió en una secuencia empalagosa de la que ninguno de los dos supo desprenderse [...]

SÍNTESIS DEL CAPÍTULO:

Temas: El declive del triunvirato. Las ambiciones de Antonio y Octavio. La relación y el fin de Antonio y Cleopatra.

Esa huida al pasado de su padrastro permite a Tiberio recuperar una historia escondida, la historia de amor de Cleopatra y Antonio, la cual pretende analizar con benevolencia, contrariamente a la impresión de las opiniones de sus más allegados. Tengamos presente que la proximidad de Antonio y Cleopatra es el pretexto que Augusto utiliza para declarar la Guerra Civil. Tiberio parece encontrar un paralelismo entre su historia sentimental y la de aquellos dos amantes. Sigue si desvelarse el desenlace de la relación entre Tiberio y Vipsania.

pág149_CLEOPATRA

TRIUMPHUS (Triunfo)

«[...] El desfile, iniciado en el Campus Martius, se adentró entre las insulae del Vicus Tuscus del Velabrum, inmensas moles de opus incertum cuyas aberturas aparecían rebosantes de rostros alegres; un ruidoso lugar de paso donde el bullicio desatado retumbaba entre unas paredes que ascendían para ocultar cualquier resquicio de cielo.

Alcanzamos el Forum Boarium, desde el cual se podía vislumbrar el Templo de Hércules Víctor, a los pies del Aventino y próximo a la puerta Trigémina. Bajo su umbral, ricamente ataviada, veía la luz, una vez más, la desnuda estatua del Hércules Triumphalis, teñida también del minim del vencedor… A medio camino entre éste y el Circus Maximus se emplazaba el Ara Máxima del héroe deificado y, desde aquel lugar, podíamos volver a contemplar la belleza elegante del templo de Ceres, que, en los días cotidianos, se elevaba  sobre los innumerables puestecillos de venta de carne, asediados por la multitud. Sus llamativos colores, estridentes, suponían un impacto visual a la vuelta del recodo, una estampa imponente, un turbador túmulo de mármol que se asentaba sobre su grandioso podium, cobijando los archivos de la plebe y a aquellos ediles que un día sirvieron exclusivamente a la diosa[...]»

SÍNTESIS DEL CAPÍTULO:

Temas: Triunfo de la victoria. Descripción exhaustiva de los ritos y recorridos.  Descripción de Roma en el año 29 a. C.

Tiberio revive los tres días del Gran Triunfo. Se trata del primer acto público de Tiberio y el fin de la Guerra Civil. Supone un momento clave en la vida de Tiberio, en la medida que experimenta un acercamiento hacia su padrastro, que regresa a Roma tras las contiendas; y al cual, desde su ingenuidad infantil, ve como un héroe, contrariamente a su propio padre, que había regresado a Roma humillado por la derrota. El capítulo desvela las claves de la relación de Tiberio con su primo Marcelo, que se perfila como futuro heredero de Augusto.

pág165_LAIS

PUDICITIA: (Pudor)

«[...] En el interior un cálido ambiente golpeaba al recién llegado, era tal la concentración de olores y vapores que las mugrientas paredes parecían humedecerse ante aquel fétido vaho que, en ocasiones, permitía distinguir el aroma de los guisos, el hollín de los braseros, el aceite de las lámparas, el insoportable hedor de las salchichas recocidas constantemente al fuego o el aliento de una multitud acalorada en un ambiente hermético. Se trataba de un desconcertante golpe aromático que te aturdía al acceder a aquel espacio, un golpe reforzado por el contraste de sonoridades que parecía acecharte tras el portalón como un criminal agazapado que pretende asaltar a la noche. Aquel gran reducto de viva actividad nocturna, diluido por el abundante vapor, se volvía tremendamente desconcertante ante el griterío. Uno apenas distinguía el golpeteo de los dados contra las mesas, las maldiciones, los gritos proponiendo las apuestas, las demandas de los clientes al tabernero y aquel eco que fluía de la voz de éste transmitiéndolas a la cocina. Entre ellas, las voces femeninas de las prostitutas eran perseguidas por un torrente de improperios y obscenidades al que ellas se enfrentaban sin pudor.

Los muros de aquel espacio parecían abatirse sobre el recién llegado, y aquel colorido diluido que salpicaba sus superficies no cobraba forma hasta que uno era capaz de situarse dentro de semejante ambiente. La cascada de colorido empezaba a perfilar contornos y uno se sentía acosado por la infinidad de frescos que se sucedían sobre cada porción de pared, frescos que reproducían desde ingenuos bodegones o paisajes cotidianos de la vida romana a imágenes eróticas que sorprendían al observador despertando su ansiedad. A la altura de las mesas, los frescos se desconchaban ente los surcos dejados por los punzones, con los que los clientes habían garabateado sus propias inscripciones. Irónicamente, algún panel electoral de las últimas magistraturas confirmaba que la carrera política no hacía ascos a ningún tipo de elector[...]»

SÍNTESIS DEL CAPÍTULO:

Temas: La vida cotidiana en Roma. Las Termas. Las zonas de prostíbulos de Roma y la realidad sexual de la ciudad.

Tiberio sigue sin querer abordar el momento en que se inicia en la carrera de armas. Curiosamente, prosigue el recuerdo de su vida saltando el periodo en que se encuentra en la Galia e Hispania junto a Augusto, que parece desvelarse como un trauma en su adolescencia. De momento hace referencias al mismo, pero aborda con entusiasmo su regreso. El capítulo se centra en aquellos días del verano del año 25 a. C. Tiberio reconoce que no ha dejado de pensar en Vipsania, cuya imagen ha convertido en reconstituyente de sus amargos días de servicio militar. Aún así, su pasión, que aún no llega a descubrir, no se desata hasta un reencuentro casual con ella. Dada la proximidad entre ambas familias, Tiberio se siente desconcertado y no sabe como actuar. Aparece un nuevo personaje, el centurión Marco Gabinio, responsable de su adiestramiento y al que une una cierta amistad. Tiberio comparte numerosas horas con él, pero no desvela su desconcierto. Ante semejante situación de azoramiento, Marco, cree conveniente que ha llegado el momento de iniciar a Tiberio en las relaciones sexuales. La visita a un Lupanar concluye con reveladoras pero nefastas consecuencias.

pág211_MARCELO

GLADIUS: (Espada)

«[...] Recuerdo aquel desagradable sonido de bucina rompiendo la silenciosa madrugada, aquel olor a humedad y el frío de un ambiente que había vencido al calor de las extintas brasas en el transcurso de la noche pasada. Se escuchaban las primeras voces en el exterior y el atronador tono de los centuriones golpeando ya a los reclutas rezagados. Cuidadosamente, me acerqué a Marcelo que, lentamente, trataba de vencer su agotamiento; se incorporó cubriendo su cuerpo desnudo con la manta de lana. Estaba tiritando y su rostro adormecido reflejaba sus esfuerzos por articular el primer sonido de la mañana, imposible propósito si sus dientes seguían apretándose con semejante fuerza en aquel temblar contagioso que se iba apoderando también de mí. Restregué con energía sus brazos con la manta tratando de hacerle entrar en calor, estaba pálido de frío. Me miró. Aún no habíamos sido capaces de hablar y, mientras, el bullicio en el exterior se acrecentaba[...]»

SÍNTESIS DEL CAPÍTULO:

Temas: El adiestramiento militar. Las campañas de Augusto en los Alpes. La Guerra de Hispania.

Por fin Tiberio aborda el periodo de su adiestramiento militar. El capítulo se centra en la descripción del mundo militar, y en especial en la relación entre Tiberio y Marcelo, que comparten experiencias. Marcelo, acosado por la enfermedad, es obligado a regresar a Roma por Augusto, mientras Tiberio es adiestrado como tribuno en Hispania, donde será sometido al bautismo de sangre en una campaña no tan gloriosa como esperaba. La enfermedad de Marcelo sirve a Tiberio para descubrir el aprecio que Augusto siente por su sobrino, un aprecio enfermizo que prácticamente ignora la presencia de Tiberio. Las esperanzas de un acercamiento a su padrastro, depositadas en aquella experiencia militar, se ven truncadas cuando Augusto no le permite acompañarlo en las campañas más relevantes, ni le mantiene informado de su correspondencia con Roma, especialmente cuando Tiberio descubre que se ha concertado la boda de Marcelo con la única hija de Augusto, Julia.

pág247_GERMANICO

MORS: (Muerte)

«[...] Muchos describen a la muerte como una bella doncella, una intrigante figura que, en la inconsciencia del dolor, la desesperación o el sueño, trata de tentarte con un cálido beso, un beso al que nosotros, ingenuos humanos, somos incapaces de oponer resistencia, consintiendo, buscando la proximidad de esos gélidos labios que, en el instante que acarician los nuestros, nos proyectan hacia un vacío enigmático del que nadie ha podido regresar para desvelarnos su significado.

Envidio a esas culturas capaces de creer que en ese vacío se esconde ciertamente algo, de entender que la muerte no es más que una frontera que marca el límite de lo estrictamente humano, pero yo me siento incapaz de intuir ese nuevo mundo y me culpo por mi escasa credulidad, por mi fe en el hombre y su capacidad; y así, actualmente, no hago más que preguntarme qué pensaría hoy si mi vida hubiera estado destinada a preparar el acceso a ese mundo que nos depara la muerte. Quizás soy yo el que está equivocado, quizás los pobladores del Nilo intuyeron el verdadero objetivo de nuestro paso por esta vida, sino, ¿cómo es que también más allá del Eufrates, o en las selvas tras el Albis y el Danus, han podido nacer creencias tan similares con las millas que separan tan distantes lugares entre sí?[...]»

SÍNTESIS DEL CAPÍTULO:

Temas: La muerte. El modo de entender el papel de Roma en la historia según Tiberio. Su enfrentamiento a Germánico.

Tras rememorar su primer encuentro con la muerte forzada, el anciano Tiberio reflexiona sobre la misma y recuerda a todos aquellos que le han abandonado. Es uno de los pocos momentos de la novela en que Tiberio se acerca a su pasado más próximo, pero enseguida huirá de él.

pág257_ANTONIAMINOR

TÍBUR: (Tíbur)

«—No sé qué me sucedió aquel día—me atreví a ultrajar aquel plácido silencio—. Luego vino la Galia, Hispania. Intenté escribirte, pero ¿para qué? Era demasiado absurdo. Quería hallar una explicación. Te he buscado todo el verano. Tenía ganas de volverte a ver, y no me preguntes por qué… Igual eres capaz de entenderlo—busqué sus ojos y me percaté de que estaban fijos en mí. Deslicé mi mano por su mejilla en un intento de cortar el flujo de lluvia que descendía por ella y la retuve—. Pensé que en la boda te encontraría. Me parecía imposible concebir que algo pudiese impedir tu presencia. Me desesperé realmente. No sé por qué temía buscarte y ahora, ahora apareces aquí, en Tíbur, gracias a Antonia y a Druso, gracias a tu padre e incluso gracias a las extravagancias de Marcelo.

Vipsania seguía callada, parecía sonrojarse pero la interferencia de aquel agua inoportuna ocultaba la turbación. Sonreía y aquel rostro empapado se confundió con mi imagen pasada. Me incliné levemente y ella pareció alzar su delicado cuello. Me acerqué y apoyé mi antebrazo sobre el húmedo tronco por encima de sus hombros. Aquellas pupilas brillaban, confundidas entre el agua, con la misma intensidad de siempre. Sentía su cálido y perfumado aliento cerca de mi pecho así como el estremecimiento de su cuerpo presa del frío. Acerqué mis labios a los suyos y, a escasos centímetros, comenzando a percibir el agua que rebotaba en su cuerpo, sentí fluir de mi garganta un susurro, un débil susurro que llamaba a su corazón[...]»

SÍNTESIS DEL CAPÍTULO:

Temas: Las pugnas entre los partidarios de Agripa y Marcelo. El germen de la conspiración de Varrón y Murena. Acercamiento entre Druso y Tiberio.

En esa búsqueda por rememorar tiempos pasados felices, Tiberio recupera el momento más álgido de su existencia. Un momento en que aún podía contar con todos los miembros de su familia y que comparte con su hermano Druso en la villa de Augusto en Tíbur, justo después de las nupcias de Marcelo y Julia. Tiberio estrecha sus lazos con su hermano, pero, súbitamente, recibirán en su retiro campestre una visita agridulce. El general Marco Vipsanio Agripa les informa de un posible intento de conspiración contra la persona de Augusto, que se encuentra en Hispania guerreando contra los Cantabros. El desconcierto es mayor cuando se presume que Marcelo esta implicado en la misma. Tiberio nos desvela aquel periodo histórico en el que los dos principales aspirantes a la sucesión de Augusto se ven sumidos en una guerra de discordias y recelos: Agripa versus Marcelo. El aspecto grato de aquella inesperada visita se materializa con la presencia de Vipsania, hija de Agripa y Antonia, futura prometida de Druso. Curiosamente, ambas quedan bajo la protección de los hermanos mientras Agripa regresa Roma. Tiberio pues, se ha encontrado inesperadamente con Vipsania, y la situación le permite acentuar su acercamiento.

pág295AGRIPA

FIDUS: (Enfermedad)

«[...] Cuando, inesperadamente, Augusto desembarcó en Ostia, lo hizo vencido por el agotamiento y sumido en las fiebres, pero no quiso reunirse con nadie, no quiso vernos, ni tan siquiera a Livia. Pasó casi dos días encerrado junto a Agripa. Dos largos días que se hicieron eternos para todos aquellos que intuíamos qué estaba sucediendo, hasta que, súbitamente, bien entrada la noche del segundo día, hizo llamar a Cneo Calpurnio Pisón.

Aquel individuo llegó flanqueado por la guardia que lo había arrancado de su lecho. Indignado en su arrogancia aristocrática y ofendido en su flamante virtud. Yo me encontraba en la cámara de mi madre junto a ella y a mi hermano Druso, en espera de que Augusto pusiera fin a esa enigmática y urgente reunión, cuando sentimos el estrépito de los pasos que atravesaban el patio [...]»

SÍNTESIS DEL CAPÍTULO:

Temas: La crisis del año 23 a. C.: La conspiración de Varrón y Murena y la grave enfermedad de Augusto. El problema sucesorio.

Tiberio, como persona que más respeto inspira a Marcelo, se encuentra con éste para tratar de alejarlo de la conjura. Marcelo confiesa haber sido involucrado en la misma inconscientemente y acepta, agradecido, los consejos de Tiberio. Augusto regresa de Hispania para acabar de raíz con la conspiración, pero lo hace tremendamente enfermo y se teme por su vida. La situación permite desvelar las claves de la sucesión cuando Augusto ceda momentáneamente el poder a su fiel amigo Agripa. En el delirio, Augusto, creyéndose a un paso de la muerte, llama a su lecho a sus más allegados, pero olvida a Tiberio. No obstante, este descuido es compensado por Agripa al anunciar que Augusto ha decidido unirlo en matrimonio con Vipsania.

El médico Antonio Musa devuelve a Augusto a la vida y, por poco tiempo, todo parece volver a la normalidad.

pág325_MUJERFLAVIA

ABSENTIA (Ausencia)

«[...] Quise besarla como jamás hubiera podido hacerlo, y ella respondió a mis caricias. Nos perdimos, nos perdimos para renacer en la noche de un día que jamás morirá en mi recuerdo, el día que sumergí en el mar todo el fuego que abrasó mi adolescencia, todo el calor que guardé para ella como un secreto prohibido, como un presente único del que tan sólo quedó un testigo, un único testigo callado. Aquel huidizo collar de plata… y ella.

Permanecimos perdidos un día y una noche, y, al amanecer de la nueva jornada, aquel pequeño bajel que nos había extraviado, nos ayudó a regresar a las costas de Italia, a los brazos de aquella Bahía sembrada de vides entre las que aquella multitud que debía habernos buscado presa de la angustia, permanecía ajena a nuestra ausencia. Quizás inmersos en una pasividad que fácilmente resultaría explicable.

Marcelo se había levantado poseído por aquel sudor frío que tanto conocíamos. En su lecho, aferrada su mano por Julia, se debatía entre delirios absurdos e incoherentes. Musa había llegado a media noche para aplicar aquellos remedios que habían salvado a mi padre, y los baños fríos se sucedían sin obrar el milagro[...]»

SÍNTESIS DEL CAPÍTULO:

Temas: Los cargos y problemas administrativos de la Roma de Augusto. La muerte de Marcelo.

Tiberio asume el cuestorado y se encarga de la regulación del tráfico de grano en el puerto de Ostia. Se desvelan las tramas de corrupción y especulación comercial en la ciudad. Tiberio trata de combatir, con su puesto de cuestor, la situación ilegal de muchos esclavos en la península, posiblemente tratando de subsanar el horror que había presenciado en aquella aciaga experiencia en los lupanares de Roma. Desempeña sus labores administrativas en contacto continuo con su amada. Una secreta fuga a Capri, les permitirá sellar su amor. A su regreso de la isla les espera una amarga ausencia… Marcelo ha muerto súbitamente víctima de unas fiebres. Su esposa, Julia, desolada, perderá al niño que esperaba.

pág337TIBERIO

ABIECTIO (Desolación)

«[...] Una noche fría de finales de aquel invierno, cuando los tentáculos del sueño se habían apoderado de mí mientras trataba de confeccionar el discurso final tras aquella última y agotadora sesión, me despertó en la oscuridad una suave caricia que humedecía la sequedad de mis labios. El gemido del viento helado azotaba los ventanales, y los pesados cortinajes que pendían ante ellos, insinuaban un leve movimiento fruto de alguna enigmática corriente que se escurría por mi habitación. La llama de la lámpara de aceite se había apagado y la cera, deshecha e informe, se acumulaba fuera del receptáculo de plata extendiéndose en pequeñas gotas sobre las tablillas que reposaban en el escritorio. Observé ensimismado aquella sombra, aquel espectro que permanecía tan próximo a mí y, por momentos, temí que algún espíritu maligno hubiera podido escapar de los Infiernos, atreverse a acercarse más allá de donde le estaba concedido, violando esa inmunidad a los sortilegios y hechizos de los que nos protegían nuestros dioses del hogar. La turbación del sueño fue desvaneciéndose y, con la recuperación de la consciencia, comprendí que jamás un espíritu podría manifestar semejante ternura.

Era ella, arrodillada sobre el frío suelo, con sus manos acariciando mi cabello, descalza y protegida por una delicada túnica que más bien parecía tejida en hielo. Era ella, sí, en el fondo una aparición, quizás un espíritu maligno, pero un espíritu que temblaba acosado por los escalofríos, evanescente, casi tendente a desaparecer entre aquellas sombras que envolvían la estancia, pero por fin visible, por fin intuible ante mis ojos.

Sus brazos me abrazaron y, en su delicadeza, parecieron poder quebrarse en su intento de abarcar mi cuerpo. Sus labios trataron de acariciar los míos sin formular palabra pero yo los detuve con mi mejilla para alzarme bruscamente y protegerla con mi manta de su semidesnudez. La tomé en brazos con toda la suavidad que me fue posible y la deposité sobre mi lecho para, a continuación, sentarme a su lado contemplando su rostro.

—¿Cómo te encuentras, Julia?—le pregunté[...]»

SÍNTESIS DEL CAPÍTULO:

Temas: El personaje de Julia en la historia de Roma. Hipótesis sobre su futuro comportamiento y su enfrentamiento a la legislación moral impulsada por su padre.

El capítulo es un homenaje de Tiberio a Julia. Recuerda la desolación de la muchacha, su belleza, y su extraño comportamiento, que, como más adelante se comprobará, desvela la futura pasión de Julia por Tiberio.

pág353_AGRIPINA

NUPTIAE (Nupcias)

«[...] Me llevo las manos de nuevo a los labios y vuelvo a recordar aquella fragancia. Apenas escucho nada pues nada se escuchó. Sí, recuerdo aquel silencio, aquel cálido silencio que se suplió con el diálogo de nuestras miradas. Veo su cuerpo envuelto por la blancura de la túnica y aquel nudo sobre el que mi vista se posó y que desaté con suavidad para que la túnica se entreabriese y me descubriese aquel cuerpo escondido. Recuerdo que la besé mientras mis manos recorrían su piel suave, deslizándose entre la calidez de la carne y la tersura de la tela que las escondía. Fue un beso largo, prolongado, eterno. Nuestros labios se unieron ávidos como no deseando separarse jamás y nuestras lenguas se acariciaron en un lento y suave diálogo que evocó las palabras perdidas, las palabras innecesarias.

Descendí por su cuello y arrastré con mi boca aquella túnica más allá de sus hombros para que ésta descendiera lentamente hasta su cintura. Mordisqueé sus tiernas mejillas y ella se apretó contra las mías transmitiéndome su calor. Mis dedos se deslizaron desde el jugueteo con aquel collar hasta sus senos turgentes, y mis yemas percibieron aquella prominencia turbadora que mis labios buscaron contrastar.

El frío de sus manos encontró mi espalda tras descubrir un hueco entre mi toga para turbar la intimidad de mi cuerpo cubierto, y sentí sus caricias que me abrazaban y me apretaban hacia ella.

Volví a buscar su boca para reencontrarme con su aliento, con aquel sabor a mirto, y, mientras sus manos jugaban con mi espalda, las mías descendieron hasta su cintura, acariciaron su vientre y, bordeando la curva sinuosa de las caderas, alcanzaron sus muslos para contornearlos y buscar su cara interior, percibir aquel calor ardiente, aquel segundo pálpito que la incitaba a separarlos levemente y permitir mi ascenso hasta aquella calidez húmeda que esperaba mis caricias. Ella se aproximó más a mí y yo descendí discurriendo con mi boca, con mis labios, por todo su cuerpo, paladeando el sabor dulce de aquella piel, de aquellos miembros que se estremecían ante mi proximidad. El cuello me llevó a sus senos y a aquel vientre liso, mi lengua jugó con su ombligo y degustó el cadencial descenso por el pliegue turbador de su ingle, aquel rincón preciado del cuerpo de toda mujer, aquella esquina que conforma el fin de la cintura y la cadera como parte próxima a su mayor secreto, como dócil porción nunca descubierta, simétrica y cuya pendiente te conduce a la oscuridad de la indescifrable cavidad aromática.

Abracé sus piernas esbeltas y, perdiendo el equilibrio, caímos riendo sobre el lecho. Ella trató de despojarme de mi toga y yo le concedí una pequeña resistencia hasta dejarme aprisionar por ella. Su túnica reposaba en el suelo de la estancia, los borceguíes se escondían olvidados en un rincón y el velo de fuego, junto a aquellos ramilletes de mejorana y verbena deshechos, abrazaba sedoso un rincón del camastro.

Tendido boca arriba me dejaba aprisionar por aquella diosa sumida en la desnudez que se incorporaba sobre mi cintura inmovilizándome con sus muslos. Rasgó desesperada mi túnica y se reclino sobre mi pecho para besarme, para buscar mi cuello y mis labios de nuevo mientras mis brazos la estrechaban con fuerza.

La humedad de su vientre se deslizaba sobre mi cuerpo abrasando con su intensidad y, tratando de acompasar rítmicamente nuestros abrazos, se estremecía llorosa, buscando una respuesta mientras mi ardor se elevaba hasta lo insostenible con aquella calidez que reposaba sobre mí. Ella fue deslizándose con suavidad, inclinando su cuerpo sobre el mío y volviendo a alzarse mientras yo acariciaba su torso con mis manos, aquellos senos que penduleaban sugerentes ante mí y aquel cabello salvaje que, desceñido de sus cintas y coronas, caía ante su rostro buscando mis caricias, buscando el mío con su descenso.

Acompañé el movimiento de su vientre suavemente con mis dedos hasta que su búsqueda encontró el objetivo ansiado y concedió que me internase en sus entrañas. Una ola de placer recorrió mis vértebras y ella se irguió como ufana amazona hallando el suyo propio. Sus pechos se oprimieron contra mi cuerpo buscando el máximo contacto de nuestra piel y yo, tomándola con fuerza, me revolví sobre el frescor de las aromáticas sábanas para caer sobre ella en el momento en que nuestros sentidos se desbordaban en un cúmulo de besos.

Permanecimos de costado, abrazados, escuchando el silencio, un silencio únicamente turbado por nuestros susurros y el apagado chasquido de nuestros labios que se rozaban levemente siguiendo un ritmo aleatorio. Mientras, nuestras manos continuaban con lentas caricias que tan sólo pretendían evitar la separación de nuestros cuerpos en aquella corta noche, tan sólo impedir la fuga de aquel calor que, al contacto perpetuo de nuestras pieles, cual ave fénix, volvía a renacer sin apenas desfallecimiento[...]»

SÍNTESIS DEL CAPÍTULO:

Temas: El ceremonial nupcial romano. Los conflictos en Armenia.

Se narra el desarrollo de las bodas de Tiberio y Vipsania, y cómo los dos amantes se ven bruscamente separados por las obligaciones de Estado. Tiberio debe asumir una conflictiva misión diplomática en el confín Oriental del Imperio, debiendo imponer a los Partos un soberano cliente de Roma en el Reino de Armenia. De nuevo se reflexiona acerca del sentido de la responsabilidad de Tiberio, un sentido que va a caracterizar la primera etapa de su vida, en un intento de justificar su futuro desentendimiento del poder.

pág377_VIRGILIO

OCCASUS (Ocaso)

«[...] Playas de Tarso que cobijasteis el amor de aquellos amantes, recordad también el nuestro con el mismo afecto, conservad en vuestras arenas las huellas de nuestros andares y el fragante perfume de vuestros pinos que besaban el agua, del mar azul intenso que mecía las algas multicolores y la imagen tierna de aquellos caparazones que se acercaban a la costa para enterrar su futura descendencia a la luz de los fanales. No olvidéis nuestros cuerpos desnudos sumergidos buscando la tranquilidad de vuestros peñascos, de vuestros próximos islotes, aquel bajel tranquilo que surcaba vuestra piel saboreando cada escondida cala, cada súbita aparición terrosa en aquel extenso océano turquesa.

Thermessos hostil, inexpugnable fortaleza que se resistió al mismo Alejandro, firme amiga e inaccesible ciudad, hoy evoco tus caminos polvorientos discurriendo entre matojos aromáticos y frondosos pinares, aquellos caminos que conducían a tus templos, a tus edificios, a aquél mármol sacudido por la tierra. Siento el bullicio de tus calles, el silencio de aquella cima incrustada entre titanes de roca que apuntaban al cielo y aquella proximidad divina ensalzada por los sones de una música que hipnotizaba a tus serpientes.

Tierras de Licia, ajenas y distantes, conservo la imagen de vuestras costas más allá del horizonte, aquella caída montañosa sobre el mar y aquellos espacios inaccesibles entre roca y agua en los que batían las espumosas olas, la continua secuencia de templetes de piedra excavados en tus frentes, contemplando la salida del sol y evocando aquél más allá ignoto, indescifrable[...]»

SÍNTESIS DEL CAPÍTULO:

Temas: La campaña Armenia de Tiberio. Éfeso, Antioquía y Pérgamo. El culto a Artemisa.

Tiberio recuerda amargamente su largo viaje a Armenia y todos los pormenores de su tránsito por Anatolia, cómo fueron llegando las noticias de los sucesos que sacudieron el límite oriental y cómo Tiberio se vio obligado a imponerse a ellos alcanzando un brillante éxito diplomático.

Tiberio recupera la felicidad perdida cuando Vipsania se reúne con él en Antioquía. Se describen los territorios de Capadocia y el esplendor de la ciudad de Éfeso. Encuentro de Tiberio con Rodas, y justificación de su futuro exilio histórico a la isla.

pág395_TIBERIO

SEPTEMTRIO: (Septentrión)

«[...] Súbitamente todo se desencadena. Ahí están. Se acercan. El suelo parece vibrar con el estrépito. Me ciño el yelmo y salgo al exterior, un exterior en el que las sombras parecen prevalecer conforme se acentúa el ocaso del sol. Bien, por lo visto los bárbaros pretenden atacarnos mientras los soldados completan el campamento. Ordeno disponer las dos primeras legiones en posición de combate. El enemigo no se percibe con la vista, pero el rumor se acrecienta tras una loma en desnivel que desciende más allá del horizonte. El follaje y las ramas intrincadas elevándose sobre nuestra vista inducen a querer confundir esa línea de hierba que se dibuja al contraluz y que, poco a poco, parece emanar un pequeño resplandor. Todos los hombres han depositado su mirada en aquella referencia. Las trompetas siguen llamando a las armas y los últimos legionarios, aún forcejeando con las fundas de cuero de sus escudos, acuden junto a sus estandartes. Los disciplinados soldados aguardan en orden de combate.

Se levanta una ligera brisa, cálida, que encrespa el oleaje del río. Una noche plácida que despierta en mí extrañas sensaciones. Monto en mi caballo y galopo frente a mis hombres. Ha llegado el momento de reunirse con las tropas de caballería que presiden el flanco de la formación. Las legiones golpean los escudos con sus pesadas jabalinas… El caballo voltea, me elevo sobre él y, justamente entonces, una jauría de salvajes invade la cima de la loma. Todo el horizonte aparece ocupado por masas de bárbaros envueltos en pieles que avanzan ruidosamente entre los árboles y los matorrales. Una turba que adquiere velocidad y profiere exclamaciones indescriptibles, amenazantes, perturbadoras. Alzo la espada apuntando al cielo. El enemigo se acerca… Está aquí… La luz de la luna y las teas que sostienen mis hombres empiezan a revelar las facciones de millares de rostros, los rostros de aquellas bestias de otro mundo que se abalanzan hacia nosotros sosteniendo sus temibles escudos afilados, los pesados espadones capaces de cercenar medio cuerpo acorazado, las largas lanzas que empiezan a silbar al viento. Mi brazo desciende y una lluvia de flechas iluminadas surca el aire al unísono, pequeñas llamas mortíferas que caen sobre un enemigo que avanza inexorable. Cada vez se sienten más próximos y, cuanto menor es la lejanía, más amenazador se descubre su griterío… Los hombres siguen golpeando sus escudos, ahora con más fuerza si cabe, despertando un rumor infernal que rebota entre los desfiladeros. El enemigo está encima, lanzó mi caballo al galope entre mis hombres y el avance bárbaro, y mi espada con su gesto despierta a las bucinas que tocan a carga. Un grito desgarrador, como jamás hubiera emitido fluye de mi garganta y los legionarios arremeten contra la confusa jauría que avanza arrojando sus jabalinas. Súbitamente todo parece ralentizarse. Las saetas surcan el aire, casi planeando, e impactan contra una masa que apenas puede esquivar semejante densidad de filos. Se desprenden los remaches y las piezas se descomponen insertadas en carne, en el cuero de los escudos, en la tierra… El ataque ha perdido vigor, pero los legionarios se arrojan desenvainando sus espadas a la búsqueda del cuerpo a cuerpo. Los centuriones luchan por evitar que sus formaciones rompan filas, cubren a sus reclutas, manteniéndose firmes con el fin de salvar la vida de sus hombres. Los espadones panonios caen sobre nuestros escudos mortalmente, pero el tiempo en que el golpe fallido trata de rehacerse favorece el contraataque y la sequedad cortante del gladius[...]»

SÍNTESIS DEL CAPÍTULO:

Temas: Las campañas de Tiberio en Pannonia y Germania. Las legiones en combate: Campamentos, formaciones de marcha, entrada en combate… Dálmatas y Pannonios.

Algo sucede en la narración, que interrumpe bruscamente el hilo argumental. Tiberio aparece entre las brumas danubianas. Se produce un inesperado salto del sol oriental y los últimos momentos plácidos junto a Vipsania hacia los gélidos ambientes septentrionales y las escenas pormenorizadas de sangrientos combates. Vipsania ha desaparecido bruscamente de la narración. Tiberio rememora una situación surrealista vivida en tierras Pannonias, un sacrificio ritual, que se transforma en una inexplicable pesadilla, en la que se mezclan la injuria de la violación masculina. Inmediatamente Tiberio aparece combatiendo y alcanzando innumerables victorias en los campos de batalla septentrionales, pero ese contacto continuo con la muerte parecen haber matado su alma. Nada parece recordar al Tiberio enamorado de capítulos anteriores. Posiblemente porque el recuerdo de Tiberio condiciona la percepción de esos momentos. Tiberio sabe que su marcha al frente Septentrional significó el fin de su matrimonio con Vipsania. A su regreso le espera una carta de su esposa. La situación sigue siendo enigmática en la narración, pues aún se desconoce qué conduce a este cambio brusco en la relación.

pág411_AGRIPAPOSTUMO

LACRIMAE (Lágrimas)

«[...] Su rubor delató mi desnudez, aquella desnudez de un cuerpo cuarteado y fatigado, marcado por la guerra, un cuerpo que había olvidado ocultar al salir de la habitación nada más descubrir la desaparición de Vipsania. Julia no pareció sonrojarse en exceso ante aquella situación, al contrario, percibiendo mi desorientación, mi angustia, prefirió adelantarse al movimiento inquisitorio de mis labios para preguntarme:

—¿Por qué la buscas, Tiberio? ¿Acaso no lo has entendido todavía?—hizo una leve pausa y me observó fijamente—. Vipsania ya no puede ser tu esposa.

—¡Por todos los dioses, Julia!—exclamé—. Te has vuelto loca—ella se levantó bruscamente.

—Mírame, Tiberio. Sí, mírame porque te vas a cansar de mirarme. Acaso aún no te das cuenta. Agripa ha muerto. Vipsania no es nadie para ti. ¿O es que mi padre no te ha dicho nada?

Yo la observé. La observé detenidamente. Todo me daba vueltas, un sabor agrio empapaba mi boca turbado por el desconcierto de aquella larga noche y aquel despertar, el calor de una mañana que debía haber amanecido fría, y los llantos de un niño que jamás había visto, un niño que sollozaba ante aquella escena dantesca, como un extraño diosecillo maligno que pretendiese convertir mi vida en una terrible pesadilla.

—¿De quien hablas Julia?—le pregunté—. ¿De nuestro padre?

—De mi padre, Tiberio. No del tuyo… Del Dueño de Roma—prosiguió Julia—. Ése que siempre adoró a Marcelo, mi primer esposo. El gran amigo de mi último esposo, el gran Agripa. Sí, mi padre querido, ese padre que siempre ha creído saber cuál era el modo de hipotecar nuestras vidas en bien de Roma. Tiberio, estúpido, acaso no te das cuenta de que yo soy el oráculo. Yo soy la mujer destinada a convertir aquel hombre al que toque mi piel en el gran sucesor—esbozó una mueca irónica—. Yo soy un suculento Vellocino de Oro para mi padre. ¿No lo ves? Me casó con Marcelo porque estaba convencido de que así nuestro primo no tendría problemas a la hora de ser reconocido como heredero de su sangre. Me casó con Agripa porque creía que, tras Marcelo, él era el único que podía asumir su posición en un momento de debilidad, pero ahora, muerto él, ¿quién le queda? ¿Te das cuenta? Te vas a casar conmigo porque así lo quiere el Princeps, así lo quiere tu madre, así lo quiero incluso yo… Sí, hasta tu esposa lo ha entendido…»

SÍNTESIS DEL CAPÍTULO:

Temas: La ruptura matrimonial entre Tiberio y Vipsania. La boda de Julia y Tiberio como confirmación sucesoria.

Se trata del último capítulo en el que Tiberio revive los últimos días de aquel primer ciclo de su vida. El ciclo en el que todo era esperanza, en que todo era posible, y en el que se encontraba junto a las personas que más había amado: Vipsania y su hermano Druso. Se desvela cómo en el tiempo que Tiberio se ha hallado lejos de Roma, diversos acontecimientos han dado un cambio de rumbo a su propia vida. La muerte de Agripa ha dejado a Augusto sin un referente válido para su sucesión, hasta que sus nietos Cayo y Lucio alcancen la mayoría de edad. La atracción que Julia siempre ha sentido por Tiberio la llevan a intrigar para que su padre le conceda su mano. Muerto Agripa, el matrimonio con Vipsania ya no resulta conveniente, y Augusto no duda en forzar el divorcio. Tiberio regresa y se encuentra con una situación que su propia esposa asume forzada por la responsabilidad. Tiberio, que reconoce en su ancianidad no haber luchado por sus convicciones, se desmorona, sabiendo que aquello va a cambiar su vida. Sostiene la última relación carnal con su esposa y reacciona ante la provocación de Julia con agresividad. Se desvelan los primeros tintes violentos de un Tiberio herido…, se desvela el odio de Tiberio hacia un Augusto que antepone los intereses de Estado a los de su propia familia… Tiberio comprende la contradicción de su vida, pues a pesar de su odio, no dudará en conducirse guiado por la responsabilidad de verse convertido en sucesor de Augusto, único sostén de la estabilidad del Imperio.

El ciclo de recuerdos gratos se cierra cuando, a los pocos días, llegue el mensajero que anuncie el grave accidente de Druso. La mente de Tiberio no quiere proseguir y regresa de nuevo al inicio.

EPÍLOGO

[...] Pero hoy no pretendo hablar de mi amigo Emperador, no, quiero hablar del otro, aquel que se escondía en su corazón y que un día descubrí tras las largas conversaciones contemplando el mar de Capri.

Sobre él se ha hablado demasiado, se ha inventado como nunca podía imaginar que se haría, y sin embargo era consciente de que aquellas historias que enturbiaban su futuro, en el fondo, eran culpa suya, por haber sido capaz de decir: ¡basta! Por no poder controlar aquel carácter orgulloso que, en la brusquedad del momento, le hizo perder tantas cosas que jamás volvería a recuperar.

Nunca quiso el poder, jamás lo deseó y, sin embargo, aquel vacío le buscó. Cuando accedió a casarse con la hija de Augusto lo hizo porque nada le importaba ya, quizás hubiera ansiado quitarse la vida… Pero en ese aspecto Tiberio no pudo ser un verdadero romano, y cuando todos hoy le achacan su cobardía, su talante huidizo, no son capaces de comprender que él jamás huyó, porque el debió huir entonces, sí, huir para siempre y, sin embargo, aguantó la vida como si la vida, el permanecer en este mundo, fuera su verdadero castigo.[...]

SÍNTESIS DEL CAPÍTULO:

Temas: Acontecimientos principales del reinado de Tiberio.

Unas letras del médico personal del emperador, Caricles, con quien ha trabado una cierta relación en los últimos años de su vida, sirven como epitafio a la vida del emperador. Se trata de desmenuzar los futuros acontecimientos que sucederán a los narrados por boca de Tiberio hasta el fin de sus días.

Se trata también de un testimonio exculpatorio que trata de justificar, o desviar, las acusaciones que los contemporáneos del emperador van a escupir sobre su recuerdo.

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